jueves, 15 de septiembre de 2011

~ Capítulo 40;

CAPITULO 40;
POV CARLA.
Tom y Gio se fueron después de haberles dado la noticia de que Jack y Alice se iba. Ellos no se quedaron cortos con la noticia del bebé.
Carla: ¡Vais a ser titos! –grité a los chicos divertida.
Danny: Uff… Me da dolor de cabeza solo de pensarlo.
Dougie: ¿Tú eres consciente de todo lo que hace un bebé? –dijo acercándose a mí, agarrándome dulcemente de la cintura.
Danny: En serio, cambiemos de tema. –dijo riendo.
Inés: P-pero que idio-tas que so-is. –fue con una sonrisa a abrazar a Danny.
Danny: Ya no me molesta que me digas idiota. Me lo dices tantas veces al día que ahora me es insignificante. –Río, ganándose un gesto de burla por parte de Inés.
Carla: ¿Qué vamos a hacer hoy?
Dougie: Tú y yo ya sé lo que vamos a hacer ahora por la mañana. Por la tarde eliges tú.
Carla: Uhh… ¿y qué es?
Dougie: ¿En serio crees que te lo voy a decir? –suspiré resignada, sabiendo que no me diría nada.
Inés miraba a Danny esperando a que dijese que iban a hacer ellos dos. Danny por el contrario, no había pensado nada.
Danny: Hmmm… Sea lo que sea que vayan a hacer estos dos, lo nuestro será mucho mejor. –Inés arqueó una ceja.
Inés: Ya… No has p-pensado na-da, Dan. No m-mientas. –rió.
Danny: ¿Qué no? –dijo ofendido. –Vas a flipar. –Inés negó con la cabeza, insinuando que no tenía remedio.
Carla: Bueno, antes de nada me voy a duchar. ¿Inés, vienes?
Dougie: ¿Os ducháis juntas?
Carla: Idiota, que si viene conmigo a casa, que yo me voy a duchar. –reí dándole un golpe en el brazo.
Dougie: ¿Y por qué no te duchas aquí?
Carla: No tengo ropa.
Dougie: ¿Y cuál es el problema?
Carla: El problema es que yo suelo llevar ropa, ¿sabes? –Dougie fue a abrir la boca pero le paré. –Dougie, cariño, deja esta conversación, que te conozco. –reí divertida mientras le besaba. -¿Inés?
Inés: Voy c-con Carla a mi ca-sa. A ver si cuando v-vuelva has pen-sado algo. –le dijo a Danny.
Danny: Lo tengo más que pensado. –dijo orgulloso.
Inés: Lo q-que tú di-gas, amor. –soltó una carcajada y le besó en forma de despedida.
Hice lo mismo con Doug y en menos de cinco minutos estábamos las dos en casa de nuevo.
Carla: Ejem… -exageré mi tos. -¿Qué tal la noche?
Inés: Bien. –se limitó a decir.
Carla: ¿Bien? ¿Sólo bien? Dios, Inés, la mía ha sido… Uff… perfecta. –no pude resistirme a decir eso. Inés me miró con una sonrisa divertida. –Pero en fin, cuéntame tú. ¿Qué es eso de que pasas una noche con Danny Jones y solo está ‘bien’?
Inés: Es que n-no pasó na-da. Solo d-dormimos jun-tos. Y est-tuvo bien. A ver, quiero q-que sea con él, pero aún…
Carla: ¿Y Danny…?
Inés: Dijo que m-me respe-taba.
Carla: ¡Vaya! –exclamé sorprendida. -¡Estás amansando a la fiera! –la rodeé con los brazos y la zarandeé de un lado a otro. Ella rió escandalosamente. –Me voy a duchar, anda. –una vez que la solté.
Inés: Ahora q-que lo pienso, no sé p-para qué he ven-nido.
Carla: Para cotillear conmigo. –reí. – Ponte algún documental de animales en la tele mientras termino, que a lo mejor te dicen más trucos de cómo tratar a Danny. –recibí un ‘cariñoso’ cojín en la cara, que no pude evitar por la risa, por parte de Inés, que también reía.
Subí las escaleras mientras oía como Inés había puesto la tele. Yo seguía convencida de que ver un documental de ese tipo daba todas las claves para domar a Danny. Reí para mis adentros.  Fui para mi habitación y elegí la ropa, me tiré un buen rato, porque ya que Doug tenía pensado algo para hacer, sería algo especial, y tenía que ir vestida para la ocasión. Cuando lo hice, me metí en el baño rápido y me duché con la misma velocidad. Tenía ganas de saber qué era eso que Dougie tenía preparado, de estar con él, de abrazarlo, de besarlo, de olvidarme de la hora por momentos, de disfrutar, de ser feliz.
Ya lista, bajé abajo. Oí risas. Risas inconfundibles. Dougie estaba en el salón. Y con Danny e Inés. Bajé sonriendo, pensando en lo que me esperaba. Dougie en un sillón reía sin poder parar, en otro, Inés también lo hacía pero con menos intensidad, ya que consolaba a un enfadado Danny. En la tele, un documental.
Carla: Hola feos. –salté por encima del sillón donde estaba Doug y me senté a su lado, dándole un beso en la mejilla. Éste no podía parar de reír, incluso se secaba algunas lágrimas que se le habían saltado. –Veo que mi idea de ver documentales ha tenido éxito.
Danny: ¿Idea tuya? No me extraña.
Dougie: Woo… Chócala. –dijo alzando sus cinco. Así lo hice. –Muy buena.
Un poco más de risas, de peleas de cojines por parte de Danny, de revanchas por parte de Dougie y mía, y alguno desviado que terminaba en Inés, volvía a nosotros.
Carla: Está bien, me rindo. –dije al fin. Dougie mi miró indignado. Yo lo hice suplicando que ya fuera hora de irse, entonces él comprendió.
Dougie: Bueno, vale… -dijo levantándose. –Esto no acaba aquí, chicos. –dijo retando a los chicos, señalándolos.
Cuando íbamos para la puerta, una funda de guitarra negra de cuero se escondía detrás del perchero.
Carla: ¿Y esto? –le pregunté a Dougie.
Dougie: No sé. –se encogió de hombros. –Es la guitarra de Danny. La ha traído antes, quiere hacer algo con ella y con Inés.
Sonreí al imaginarme que era lo que se había pasado por la cabeza de Danny. Pero ahora no me importaba demasiado. Ahora me importaba Dougie, Dougie y sus besos, Dougie y sus mimos, Dougie y su sorpresa.

sábado, 3 de septiembre de 2011

~ Capítulo 39;

POV DANNY.
Desperté con mi torso pegado a su espalda. Agarraba mi mano con fuerza y sentía como su pecho se movía al compás de su respiración. Con un torpe movimiento mío hice que se despertara o por lo menos la sacase de su sueño. Giró su tronco y me rodeo con uno de sus brazos. Antes de apoyar la cabeza en mi pecho, sin ni siquiera abrir los ojos, me besó dulcemente en la barbilla.
Inés: ¿Cuán-do piensas afeitar-te? –susurró adormilada.
Reí mientras me acariciaba la cara y notaba que sí tenía un poquito de barba.
Danny: ¿No te gusta?
Inés: Pincha.
Danny: ¿Pero te gusta? –insistí.
Inés: Bueno… -cambió de posición, colocando su cabeza en la almohada. –es sexy.
Danny: Eso es que te gusta mucho, mucho.
Inés: Puede. –dijo intrigante. Después rió y me besó. –Bue-nos días.
Danny: Bueno días, preciosa. –sonreí. -¿Qué planes hay para hoy? –ella remoloneó, moviéndose en la cama hasta acabar encima de mí.
Inés: ¿Quedar-nos así todo el d-día? –dijo posando su barbilla en mi pecho y poniendo ojitos.
Danny: O así. –reí intercambiando posiciones. Se escabulló como solo ella sabía. –Tonta, no te iba a hacer nada.
Inés: ¿Desayu-namos? –dijo después de sacarme la lengua divertida.
Ella bajó a la cocina y después de colocarme mi camiseta, lo hice yo.
Danny: ¿No necesitas ayuda o las tostadas también las hace siempre Carla? –reí.
Inés: Idiota. –dijo golpeándome el brazo. –Anda que no est-taban buenos los sand-wich de anoche.
Danny: Claro, yo hice las tres cuartas partes. –comenté.
Inés: No es verdad. –exclamó ofendida.
Danny: Bueno, vale… -reí mientras me abrazaba a ella por detrás. -Sólo hice más de la mitad del trabajo…
Inés: Deja de m-mentir. Sólo les pusiste man-tequilla. –se dio la vuelta alzando una ceja. Reí de nuevo y le besé. Me gustaba hacerla rabiar.
En nuestro mundo nos encontrábamos, que ni siquiera nos percatamos de que Noelia había entrado en la cocina.
Noelia: Ejem. –nos separamos rápido.
Inés: Bue-nos días, Noe.-sonrió. -¿Qué tal estás?
Noelia: Estoy. –dijo seca mientras buscaba el cartón de leche en la nevera.
Danny: Se van mañana, aún hay tiem…
Noelia: ¿Has dormido aquí, Danny? –me interrumpió, cambiando de tema.
Danny: Eh… sí.
Noelia: Bien. –dijo asintiendo.
Danny: ¿Pasa algo?
Noelia: No, no. Nada. –negó esta vez.
Inés: Tranquilí-zate, ¿quieres? –le dijo algo mosqueada.
Noelia: Estoy muy tranquila. –salió de la cocina.
Juraría que estuvo a punto de dar un portazo, pero no lo hizo. Algo inteligente por su parte.
Danny: No te preocupes, ya se le pasará. –le dije a Inés, que se había quedado mirando la puerta por donde acaba de salir Noe.- Vamos a desayunar.
Preparamos un par de cosas y nos sentamos a comer. Hice todo lo posible por cambiar de tema. Inés se había quedado muy parada con lo de Noelia y quería sacarla de esos pensamientos.
Danny: Ahora iremos a mi casa.
Inés: ¿Y eso?
Danny: Pues… seguramente estén Tom y Gi.
Inés: Oh, es v-verdad. –dijo recordando que tenían algo que contarnos. -¿Qué crees q-que será?
Me encogí de hombros. Me esperaba cualquier cosa de esos dos.
Terminamos de desayunar y recogimos, dejando lo esencial por si Noe se animaba a tomar algo más que un vaso de leche. Inés subió a cambiarse. Yo como no tenía nada, me quedé con lo mismo del día anterior. Noe se volvió a encerrar en su cuarto, pero no quisimos molestarla más. En menos de un cuarto de hora ya estábamos en casa. Como me suponía, Tom y Gi desayunaban felices.
Danny: Buenos días, parejita. –saludé con una sonrisa amplia a la vez que entrábamos en la cocina.
Tom: ¡Vaya! Eso tendríamos que decirlo nosotros. –exclamó sorprendido al ver nuestras manos enlazadas.
Gi: Awwwns. Qué monos… ¿A qué sí, cariño? –le preguntó a Tom.
Tom: Ajam. –contestó.
Inés: No cambiéis de t-tema. ¿Algo que cont-tarnos?
Tom: Ajam.
Inés: ¿Qué es? ¿Qué es? –preguntó impaciente.
Tom: Ajam.
Danny: ¡Tom, despierta! –le grité.
Tom: ¿Qué? –preguntó distraído.
Gio: Vamos a tener un bebé.
Danny: ¿¡Qué!? –gritamos Inés y yo a la vez.
Carla: ¿Pero que son esos gritos? –ella y Dougie entraban por la puerta de la cocina.
Inés: Gi está em-embarazada.
Carla: ¿¡Qué!? –gritaron ella y Doug a la vez.
Gi: ¡Dejad de gritar!
Tom: ¡Eso!
Carla: Gi, eso es una noticia estupenda. –dijo alegre acercándose a Gio.
Dougie: Ya decía yo que pasar demasiado tiempo solos en casa no traería cosas buenas. –comentó apoyando el brazo sobre el hombro de Tom.
Tom: Serás imbécil. –dijo quitándose el brazo de Doug de encima. –Es una cosa buena.
Danny: Eso lo dices ahora, campeón. –imité a Dougie poniendo un brazo en el otro hombro de Tom. –Verás tú cuando no puedas dormir porque el bebé no para de llorar.
Tom: Otro. –dijo en tono cansino. –Cerrad la boca, anda. – se alejó de ellos para ponerse al lado de Gio.
Inés: No le ha-gáis caso. Sabéis que s-son un ca-so perd-dido.
Gio: Lo sabemos. –rió.
Danny: Gracias, eh.
Carla: Jo, es una pena que el Jack y Alice no puedan ver el bebé. –suspiró.
Tom: ¿Qué? ¿Por qué dices eso?
Dougie: ¡Shh! Ellos aún no lo saben. –le dijo a Carla.
Gio: ¿Qué no sabemos el qué?
Inés: Jack y Alice se van.
Tom: Se van… ¿a dónde?
Danny: ¿California? –pregunté mirando a los chicos. Ellos asintieron de que estaba en lo cierto.- California. –afirmé. –Tus tíos han conseguido un trabajo allí.
Gio: Vaya… ¿Por mucho tiempo?
Carla: Indefinido. –le contestó.
El rostro que tenía de ilusionada al contarnos que estaba embaraza había cambiado por completo. En cierto modo la entendía. Alice era una de sus mejores amigas, por no decir la mejor. Tom igual. Desde que eran enanos había estado con Jack, había formado parte de sus mejores amigos, junto con Harry, Dougie y conmigo, desde el primer momento.
Tom: Joder…
Gio: Deberíamos ir a su casa. –le dijo a Tom. Él asintió.
Tom: Ya nos veremos, chicos. –se despidió antes de salir de la cocina.

martes, 23 de agosto de 2011

~Capítulo 38;

Sí, sí, lo que leéis. Capítulo 38. He subido otros tres capítulos más.
Siento haber tardado tanto en haber subido, pero cuando pude, hace unos cuantos días, Blogger se me había escacharrao y no me iba. T_T
Bueno, que eso. Que no se os olvide leer los otros capítulos y cometad, que me tenéis muy abandonada.. Vale, sí, yo también os tengo abandonados y subo con algo de poca frecuencia debido a distintas circunstancias, pero.. D:
Buéh, hope you like it. ;) <3                                             

POV CARLA
Nos fuimos a casa de los chicos, ya que en la nuestra estaban Danny e Inés y no íbamos a entrar en la de Alice y Jack por la cara con todo lo que les estaba pasando.
Carla: ¿Habrá alguien? –pregunté cuando Dougie abrió la puerta con su llave.
Dougie: Estamos a punto de comprobarlo. –dijo mientras entrábamos. -¿Hay alguien? –gritó al aire.
El silencio se hizo, no había nadie en casa.
Dougie: No, no hay nadie. Oye, -dijo girándose a mí y colocando sus manos en mi cintura. -¿seguro que no quieres nada de cenar?
Carla: Doug, te preocupas demasiado.
Dougie: Sólo quiero que estés bien.
Carla: Estoy bien, ya te lo he dicho. No quiero que seas uno de esos novios atosigadores. –reí.
Dougie: Eh, eh. En todo caso sería, tú novio atosigador, no ‘uno de esos’.
Carla: Ah, bueno, en ese caso, mucho mejor.
Sonreí a la vez que me acercaba y me besaba con él. Era verdad que Dougie se preocupaba demasiado por mí. Yo a Doug lo quería como novio, no como un cuidador profesional.
Carla: Prométeme que no te preocuparas tanto por mí.
Dougie: Vale…
Carla: Yo me preocupo por ti y no me paso el día preguntándote si te falta algo.
Dougie: Ya…
Carla: Con estar conmigo me basta.
Dougie: Entendido…
Carla: Si estoy contigo, estoy mejor que nunca.
Dougie: ¡Carla! Está bien, lo he captado.
Carla: Vale, vale. Perdón. Es que…
Dougie: Ahora eres tú la que se está preocupando. Déjalo ya.
Decidí dejar esa conversación ahí como me había dicho Dougie y la cerré con un beso.
Dougie: Creo que estamos perdiendo una oportunidad de oro. –me dijo sonriendo de lado y en un tono intrigante.
Carla: Cierto. Aún no me has enseñado tu dormitorio. –reí y eché a correr escaleras arriba.
Dougie: No me refería a eso… Pero vale. –lo oí reír subiendo las escaleras poco después de mí.
Cuando subió él fue el que me indicó que puerta era. Entró él primero, dejándome paso a mí después. Aunque subió la persiana del dormitorio, entro poca luz, ya que era de noche. Se tumbó en la cama bocarriba, mientras me observaba inspeccionar el resto de la habitación.
Carla: Vaya… me la esperaba más desordenada. –reí.
Dougie: Dios… ¿cómo te la esperabas entonces? –dijo teniendo en cuenta de que estaba todo muy revuelto.
Tenía cosas por el suelo, por encima del escritorio, por las paredes y por el techo. No había un lugar en aquella habitación que estuviera libre de algún poster, pantalones, folios escritos, camisetas, discos, etc.
Carla: ¿Y esto? –acaricié un colgante que colgaba de una chincheta clavada en la pared.
Dougie: ¿El qué? –lo cogí de su sitio y se lo mostré.- Ah, eso. Hmmm… -dudó.- ¿Eres celosa?
Carla: ¿Qué? ¿Por qué me preguntas eso?
Dougie: Ese colgante me lo regaló mi última novia. Me trae buenos recuerdos y eso… ¿Qué… qué te parece? –inquirió algo asustado.
Me volví y lo dejé en su sitio. En una décima de segundo salté sobre la cama, cayendo encima de Dougie. Éste se quejó, y yo reí divertida.
Dougie: ¿No te molesta, entonces?
Carla: Me parece algo muy tierno por tu parte. –admití.
Dougie: No acabamos bien… Pero ese colgante me recuerda que no todo fue malo.
Sonreí algo melancólica. Me senté en la cama, apartándome de encima de Dougie. Dirigí mis manos a mi nuca y desabroché el colgante que siempre había llevado, en todo momento. Tenía una cadena larga, y de ella colgaba una especie de medalla pequeña plateada. En ella ponía ‘I’ll be Ok’.
Carla: Yo también quiero que te acuerdes de nuestros buenos momentos. –le sonreí y le tendí el colgante.
Él se incorporó en la cama para verlo mejor. Sonrío y me besó en los labios. Me levanté y me puse a sus espaldas. Le puse el colgante y posé dulcemente mis labios en su nuca. Noté como su piel se erizó. Se giró sobre sí mismo para ponerse cara a cara conmigo.
Dougie: Te quiero. –susurró.
Carla: Y yo.
Con la ayuda de sus manos en mi espalda me atrapó más cerca de él, besándome. Poco a poco fue cayendo hacia atrás, conmigo pegado a él, hasta quedar tumbados por completo en la cama. Sus manos recorrían con delicadeza cada centímetro de mi espalda por el interior de mi camiseta. Yo le acaricia el pelo. Me obsesionaba su pelo. Era tan suave que su simple roce entre mis dedos producía un dulce placer por mi cuerpo. Iba lento, sabía que me gustaba esa sensación. Hacía cosquillear toda mi piel. Varios minutos estuvimos así. Minutos que quería que se alargasen mucho más, pero al fin y al cabo, eso sólo eran los preliminares.
Me incorporé en la cama y con calma me quité la camiseta. Dougie me observaba con una sonrisa ancha, y hasta que no me hube quitado la mía, él no se quitó su camiseta. Lo hizo muy rápido, al contrario del ritmo que estaba llevando en general. No me permitió que me quitara yo el sujetador, y fue él, de nuevo, con la delicadeza que estaba caracterizando el momento. Sus manos volvieron a mi piel, en vez de a mi espalda, a mi pecho. Yo hacía lo mismo. Los mimos en sus pectorales, en las curvas de sus abdominales no cesaban. Nuestras bocas no se separaban, moviéndose con tranquilidad, con cuidado, con amor.
Las ganas, los deseos, las ansias iban acudiendo a mí. Bajé mis manos a su pantalón y le desabroché el botón. Noté, mientras nos besábamos, como sonreía. Con solo la ayuda de sus pies, se quitó las zapatillas, y así, más fácil el pantalón. Yo tampoco tardé en quitarme el mío. Para ello me tuve que incorporar de nuevo. No me lo esperaba, pero Doug hizo lo mismo. Los roces siguieron sentados en la cama. Las yemas de sus dedos palpando mi cuerpo me ponían la piel de gallina.
Llegó un momento en el que, Doug quedándose sentado sobre la cama, me hizo tumbarme. Apoyé esta vez la cabeza en la almohada, cerré los ojos y sentía como jugaba con mis emociones. Pasaba sus manos, y ahora su boca también, por todo mi cuerpo. Desde el lóbulo de mi oreja, mi cuello, las curvas de mi cintura o el interior de mis muslos, produciendo así, pequeños sonidos impulsivos y fogosos de mi garganta. Más tarde me daría cuenta de que dejó más de una marca sellada en mi cuello y mi pecho, gracias a esas succiones  que en ese momento tanto me ponían.
Posó sus labios a la altura de mi ombligo, a la vez que, con la ayuda de sus manos y que encorvé hacia arriba mi cintura, se desprendía de esa última prenda que me protegía. Él no esperó mucho más para deshacerse de la suya. Así, desnudos, colocó sus manos en mis mejillas para darme un beso en la frente y otro seguido en los labios. Mirándome a los ojos, y yo a los suyos, más azules de lo normal, lo volvió a repetir.
Dougie: Te quiero.
Sin querer escuchar una respuesta, separó su rostro del mío y colocó sus manos en mi cadera, no sin antes colocar cierta cosa en su sitio. Poco a poco, con suavidad y dulzura, entraba en mí, llevándome en brazos al placer del amor. No iba con prisa, no tenía prisa. Quería prolongar ese momento tanto como yo. Exclamaciones de goce inundaban y plagaban la habitación, tanto por su parte como por la mía. Un continuo y excitante vaivén, que empezaba a  cambiar de ritmo con frecuencia. Lento o rápido, con fuerza o suave. Tocando el cielo en todo momento y además, haciéndoselo saber a él mediante besos, murmullos, aclamaciones, emociones que no controlaba, ni quería.
Le atrapé contra mi piel, para que continuara pegado a mí, para sentir su placer en mi oído y que me empapara de su sudor, para clavarle mis uñas inconscientemente en su espalda y susurrarle en susurros apasionados y suplicantes que no parara, que ese vaivén no cesara nunca.

~Capítulo 37;

POV DANNY.
Aproveché la ocasión de que Dougie y Carla se había ido a la cocina para acercarme más a Inés. Se notaba tan frágil que pequeños nudos se formaban en mi estómago por no quererle hacer daño. Con suma delicadeza recorría las líneas de su cuerpo por encima de su ropa y acariciaba con mí lengua la suya.
Inés: Danny… -me llamó. No le hice caso. -¡Danny! –insistió riendo. Tuve que separarme de ella.
Danny: ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? –repetí impaciente. Ella rió divertida.
Inés: ¿Has es-cuchado e-so?
Su piel era demasiado dulce como para dejarla a un lado y seguir esta conversación que no parecía nada interesante. Solté un sonido extraño que ni afirmaba ni desmentía nada y volví a pegar mis labios a su cuello.
Inés: ¡Danny! ¿Me es-tás escuchan-do? –de nuevo solté la misma pronunciación de antes, esta vez sin separarme. –C-creo que ha sido la p-puerta de ca-sa.
Resoplé abatido y me volví a separar de ella, para mirarle a los ojos.
Danny: ¿Qué te preocupa, a ver?
Inés: No, nada. Sólo p-pensé que podían ha-ber sido Doug y Carla, que se ha-yan ido.
Danny: Posiblemente. ¿Y qué?
Inés: P-pues que si es así… Estamos s-solos, ¿n-no?
Danny: Ajá.
Inés: Bien… Sí… -rió nerviosa. –Esto… Errhh… ¿Quieres c-cenar al-go? –dijo moviéndose debajo de mí para levantarse del sofá.
Danny: Pero… -estaba confundido.- Inés…
Inés: ¿Un sándwich? –me interrumpió. Ahora se fue a la cocina, sin ni si quiera escucharme.
Fui a la cocina. Me la encontré buscando cosas por el frigorífico y por las estanterías, dejando en la encima lo que quería para preparar de cena.
Danny: Inés.
Inés: ¿Qué? –me contestó sin mirarme, moviéndose de un lado para otro.
Danny: ¿Qué coño te pasa?
Inés: ¿A mí? N-nada.
Me estaba empezando a poner nervioso porque no paraba quieta, y ni me miraba cuando me hablaba. Le cogí de un brazo con cuidado y la coloqué delante de mí.
Danny: Te has puesto nerviosa de repente. Soy tonto y no sé por qué, pero quiero que me lo digas. –le miré a los ojos.
Inés: Está bien… Nunca he he-cho un sand-wich. Siempre los ha-ce Carla. A lo m-mejor no sale tod-do lo bien q-que esperas, p-pero lo int-tentaré.
Danny: ¿De qué estás hablando? –solté una carcajada enorme. Hice reír a ella también, aunque más tímidamente.
La cogí en peso, haciendo que su rostro estuviera por encima del mío. Ella enroscó sus brazos en mi cuello y le miré divertido.
Danny: ¿Y tú eres la lista de la pareja? La llevamos clara. –reí. –Sabes que no te estaba diciendo eso.
Inés: Lo sé… -admitió.
Danny: ¿Y bien? ¿Quieres decirme algo? –Ella negó con la cabeza. -¿Seguro?
Inés: ¡Jo, Dan! –exclamó escondiendo su cara en mi hombro como si fuera una cría.
Sonreí como un tonto cuando hizo eso. La dejé con dulzura en el suelo otra vez. Pasaron varios minutos mientras ella ocultaba su rostro en mi pecho. Cuando se separó su mirada estaba en sus manos, a la altura de mi cintura.
Inés: Me da m-miedo estar a s-solas contigo. –dijo casi en un susurro.
Mis ojos se abrieron como platos, aunque ella no me vio. Agaché unos centímetros mi cabeza hasta tenerla justo en frente de la suya.
Danny: ¿Puedes repetir eso mirándome? –le pedí.
Inés: Me da m-miedo estar a s-solas contigo. –cumpliendo con mi petición.
Danny: ¿Por qué? No muerdo. –desvié la vista un segundo al techo. –Bueno, vale, a veces sí. Pero si me lo pides, no volveré a morder. Lo prometo. –le saqué una pequeña sonrisa.
Inés: No es p-por eso… Es por… E-eso. –recalcó.
Danny: ¿Cuál es el problema?
Inés: Digamos que… tú t-tienes mucha, mucha exp-periecia, y yo… pues no. –de nuevo volvió a esconder su cara en mi cuerpo.
Danny: ¿Cómo qué no?
Inés: Como que no.
Danny: ¿En serio?
Inés: ¡Danny! –dijo volviéndose a separar de mí.
Danny: Vale, vale. Sólo que no me lo esperaba. –ella me miró sin entender. –No sé, eres demasiado preciosa como para que sea, si lo soy, el primero. Ya me pareció extraño en su momento que no tuvieras novio… -reí.
Ella rodó los ojos y me besó. Ya percibí que estaba más tranquila. Aun así, quise asegurarme.
Danny: Sé que puedes tener miedo, lo entiendo. Pero debes confiar en mí. Si ya tenía cuidado antes, ahora tendré el triple.
Inés: Pero Danny… No sé… Las chicas me han ha-blado de esto. Dicen que duele. Y p-para que ellas lo di-gan…
Danny: Ya, ya. –asentí. -Pero… Bueno, tú haz lo que veas. Yo te voy a respetar. Siempre.
Esta vez fui yo quien me acerqué para besarla. Quería, de alguna forma, transmitir la seguridad que le faltaba.

~ Capítulo 36;

POV CARLA.
Alice: Chicos, creo que me voy a ir a casa. No me encuentro muy bien. –se levantó y Harry hizo lo mismo.
Carla: Quedaros a cenar. –les ofrecí.
Alice: No, en serio, no importa.
Harry: Gracias. –añadió él.
Se despidieron de cada dos besos y algún que otro abrazo. Se les notaba decaídos, tristes.
Danny: Vaya… -dijo sentándose de nuevo en el sofá al lado de Inés una vez que Alice y Harry ya se habían ido.
Dougie: Harry no va a llevar esto bien.
Carla: Nadie sería capaz de llevarlo bien.
Inés: ¿Irán a cor-tar?
Danny: Seguro. Si no lo hacen ahora, lo harán después.
Dougie: Jack y Noe ya lo habrán hecho.
Carla: Es una mierda. –dije abrazándome a Dougie. Por un momento se me había pasado por la cabeza de que me pasara eso a mí con él.
De repente, aparecieron por la puerta del jardín de atrás Jack y Noelia. Hacía mucho tiempo que no la veía con ese aspecto. Se me partía el corazón.
Jack: Me voy a casa. Mañana me espera un largo día preparándolo todo. –se giró a Noelia y le sujetó la cara con sus manos. Seguidamente le besó suavemente en la frente. –Te quiero. –algo que sólo ella pudo escuchar.
Jack se fue a casa después de haberse despedido de todos nosotros. Una vez que él salió por la puerta se dispuso a subir las escaleras, pero la llamé.
Carla: Noe, ¿no cenas?
Noelia: No tengo hambre. –contestó sin ni si quiera girarse.
Carla: Noelia. –ahora si se giró. –Por favor.
Ella rechistó y volvió sobre sus pasos para entrar en la cocina. En menos de un minuto salía de ella con un yogur en las manos. Me lo enseñó y volvió a arriba mientras yo negaba con la cabeza.
Dougie: Déjala, apuesto a que tú tampoco vas a cenar.
Fui a abrir la boca, pero la verdad es que tenía razón. No tenía nada de ganas.
Dougie: ¿Ves? Pues ahora vas a comer algo. –levanté una ceja. –Va en serio. No quiero excusas.
Carla: Vale, papá. –reímos y me besó.
Dougie: ¿Quieres que prepare algo de comer? Un sándwich u otra cosa.
Carla: ¿Pero entonces iba en serio?
Dougie: ¿Dudas de mi palabra? –preguntó sin esperar respuesta, yendo hacia la cocina.
Reí y me levanté del sofá para irme con Dougie a la cocina. Dejé de paso a Dan y a Inés solos en el salón.
Carla: Doug, -empecé.- yo te quiero y tal… Pero no sé…
Le abrazaba por la espalda, enroscando mis brazos en su cintura y me tuve que poner de puntillas para ver lo que hacía por encima de su hombro.
Dougie: ¿Tampoco te fías de mis habilidades en la cocina? –giró, rodeado por mis brazos aún,  para ponerse frente a frente conmigo.
Carla: Bueno… dicho con esas palabras… -alzó una ceja. Yo volví a reír y negué con la cabeza.
Dougie: Ah, pues muy bien. Te has quedado sin mi súper sándwich.
Carla: Chachi. –contesté sonriente.
Dougie: ¿Chachi? No te puede parecer chachi. –dijo pareciendo enfadado.
Carla: Tonto, ya te dije que no tenía hambre.
Vi como ya no podía aguantar más la risa y soltó una carcajada. Lo apreté más fuerte a mi cuerpo, y él, agachando la cabeza, acarició su sonrisa con la mía.
Dougie: ¿De verdad que no quieres nada? –preguntó ya fuera de coñas.
Carla: De verdad.
Salimos de la cocina entre mimos, pero cuando llegamos a la puerta, me paré en seco, haciendo que Dougie chocara conmigo a su vez.
Dougie: ¿Qué haces? –preguntó confundido.
Carla: ¡Shh! –le mandé callar.
Le señalé al salón. Danny e Inés estaban muy acaramelados en el sofá. Se notaban como se trataban con cuidado. Algo que me sorprendía que viniese de Danny, ya que sé de primera mano lo bruto que puede llegar a ser.
Carla: Vayámonos a otro sitio y dejémoslos en paz. –dije susurrando.
Dougie: ¿Estás de coña? ¡Qué se vayan ellos! –gritó al mismo tono.
Carla: Dougie… -dije poniendo ojitos. –Míralos… ¿No son súper monos?
Dougie: Nosotros lo somos más.
Carla: Creído. –dije esta vez mirándolo.
Dougie: Te gusta.
Carla: Muy creído.
Dougie: Admítelo, te encanta.
Carla: Más creído de lo que pensaba. No te pega. –reí por lo bajo. –Deja esa actitud a Danny y vamos.
Enrosqué sus dedos con los míos y tiré de él hacia la puerta de entrada. Íbamos con cuidado de no molestar a los chicos, aunque me daba la impresión de que aunque cayera un ovni en mitad de la casa, ellos no se separarían.